INJUSTICIA SOCIAL Y AMBIENTAL EN MIQUEAS

Por: Juan Manuel Murillo Barreras

“Levántate y presenta tu caso ante los montes. Que las colinas escuchen tu voz. El Señor tiene una denuncia contra su pueblo” Miqueas 6:1-2

Acusación de Dios contra su pueblo.   

   El profeta Miqueas pertenece al grupo de todos aquellos profetas que hablaron la verdad sin justificar alguna esfera o espacio social, incluyendo a la religión. Su nombre tiene un significado muy particular, Miqueas antiguamente “Mikayahu, significa: ¿Quién es semejante a Jehová?” (Robinson, 1982, pág. 79).  El capítulo 1 del libro menciona que su autor vivía en Moréset (Miqueas 1:1) ciudad que se encontraba a unos cuantos kilómetros de su capital Jerusalén. La acción profética de este hombre de Dios se desarrolló en una de las etapas con más problemas socioeconómicos, políticos y religiosos del antiguo Israel; es considerado “profeta pre-éxilico” y su mensaje es una demanda para practicar la justicia en todos los sentidos, en especial para los pobres o más vulnerables

     Aunque los primeros tres capítulos del libro de Miqueas nos hablan de las muchas injusticias sociales que están padeciendo los obreros, agricultores y las zonas del campo, el profeta inicia el capítulo cuatro con una esperanza para la nación, los suyos, la creación y las demás naciones. Era una característica muy propia de los profetas, señalan los errores al pueblo y elaboran una serie de exigencias que deben de cumplirse, sin embargo, es interesante examinar un mensaje que resulta alentador para la vida de las personas que vivimos en el siglo XXI.

Esperanza para un pueblo oprimido

El capítulo cuatro, y sus versículos tres y cuatro son atrayentes y contienen una riqueza alentadora para un pueblo que vive amenazado por las injusticias del comercio y el materialismo que han realizado acciones deshumanizantes contra el prójimo y la naturaleza,

“Él será arbitro entre muchos pueblos y mediador entre naciones fuertes y lejanas. Convertirá sus espadas en arados, y sus lanzas en hoces. Ninguna nación levantara espada contra otra, y nadie se prepara para la guerra. Cada cual se sentará bajo su vid y su higuera, y no habrá quien los atemorice. Porque así lo ha dicho el Señor Todopoderoso” (Miqueas, 4: 3-4, PDT).

Qué exige el Señor de nosotros? (Cf. Miqueas 6, 6-8)

  Es una promesa que ha hecho Dios y sigue vigente en la actualidad, tomando las palabras del gran Leonardo Boff, alude que vivimos en un mundo donde “La ética de la sociedad dominante hoy es utilitarista y antropocéntrica” (Boff, 1995, pág. 8), urge que Dios intervenga y cambie “las espadas en arados, las lanzas en hoces”, las grandes potencias mundiales, el sistema del capital (injusto) y el mercado han provocado un mundo desigual en nuestra sociedad latinoamericana. Las preguntas son: los religiosos hoy, ¿en qué grupo estamos?, el cristianismo hoy ¿hacia dónde se inclina?, dejemos que la tierra, los afligidos, digan donde realmente estamos parados como pueblo de Dios.

Ante la gran corte cósmica.

   El profeta Miqueas hace un alto, para llevar al pueblo ante la corte que Dios ha preparado. El capítulo seis en sus dos primeros versículos presenta el tribunal donde ha de presentarse el pueblo para ser juzgado, “Entonces, escuchen lo que dice el Señor: levante y presenta tu caso ante los montes. Que las colinas escuchen tu voz. Escuchen, montes, las acusaciones del Señor; cimientos de la tierra, escuchen. El Señor tiene una denuncia contra su pueblo, un juicio contra Israel” (Miqueas 6: 1-2, PDT.). Sí, este Dios que es juez ha escuchado los lamentos de las personas oprimidas, quienes están presentes ante la justicia de Dios, pero de forma muy particular Miqueas añade que también deben escuchar “los montes, las colinas, la tierra misma” la denuncia que Dios hará, porque también la casa natural ha sufrido injusticias.

La tierra se acerca al limite de su extinción

   Que sorprendente escena nos pinta Miqueas, este profeta nos da la sorpresa de que la tierra, al igual que el pobre también está incluida en la justicia de Dios. No solo están llamados a hacer presencia, sino, que en repetidas ocasiones Dios los llama a escuchar, pero, para que ellos escuchen la denuncia de Dios, “un juicio contra Israel”. Cuando pienso en las grandes culturas de nuestra región de América Latina y el llamado de muchos de ellos a parar la industrialización que llega a las periferias con un poder hegemónico; destruyendo el hábitat de los animales y la riqueza natural, creo que esta corte cósmica daría mucha esperanza a ellos, pues, estoy consciente que Dios también nos pide y seguirá pidiendo cuentas por la tierra en que vivimos. 

  El libro de Apocalipsis nos menciona también dentro de la escena de la ruptura de los sellos un texto similar el capítulo 11 versículo 18 dice: “es tiempo de destruir a los que destruyen la tierra”, y la mejor forma de destruirlos es quitándoles el poder. No permitiendo que continúen con sus actos aberrantes contra la humanidad y la creación. Miqueas por su parte introduce a la naturaleza dentro del juicio de Dios, ahí están presentes, con sus caras demacradas y su lamento en cada uno de sus gestos, esperando que Dios haga justicia. Esas mismas caras son las que vemos hoy; bosques quemados, animales con temor a ser cazados, un cielo triste y millones de humanos en las calles tirados.

     Tres cosas que pide Dios

  El mismo capítulo seis en su versículo ocho, nos revela las tres causas más grandes por las cuales el hombre/mujer, deben caminar: “Hombre, si el Señor ya te ha dicho lo que está bien. Él ya te ha dicho lo que quiere de ti: que seas justo, que te guste mostrar fiel amor y que vivas humildemente con tu Dios” (Versículo 6), el pueblo será juzgado porque no ha entendido en que consiste seguir realmente a Dios. La ley de Moisés contiene 10 mandamientos, la ley que propone Miqueas 3 y la de Jesús solo 2, pero las tres concuerdan en la premisa del amor y la justicia.

Miqueas por su parte dice que el pueblo debe hacer justicia, menciona Haroldo Remier respecto al llamado del profeta “deben conocer el mixpat, que probablemente quiere decir orden justo en la sociedad” (Remier, 1997), y ese orden se debe entender en la totalidad de la vida humana, por lo tanto, el hombre debe amar la misericordia con todo y todas las cosas, además debe vivir humildemente con Dios, de forma sencilla honesta, buscando siempre el bienestar común, con los humanos y también con la vida que solo adora y sirve a la humanidad, es decir, a la naturaleza misma.

Seguir la justicia requiere algo más que solo pensarla y estar consciente de que se necesita en el mundo. Practicar la justicia requiere de un compromiso, uno que nos lleve a la acción cuando observamos todos aquellos actos que denigran la dignidad humana, demanda una voz publica de la iglesia que no permita que los injustos sigan gobernando aun dentro del ámbito religioso, es perder el miedo de quedar fuera de una jerarquía por hacer el bien, es ser del pueblo, ser de la gente, ser del mundo, conviviendo, sintiendo y amando como verdaderos hermanos y amigos de todos y todo, incluyendo a la tierra.

Conclusión.

Leer este libro del profeta de los pobres es magnífico, ya que nos invita a una reflexión sobre la vida que estamos llevando como iglesia. Creemos en la justicia de Dios como el camino a la paz y la igualdad entre todos, Jurgen Moltmann menciona que, “no existe, pues, más camino hacia la paz que el de un proceder justo y una verdadera preocupación por la justicia universal” (Moltmann, 1992, pág. 61), si realmente queremos impactar al mundo y lograr un cambio social debemos tomar el mandato de Dios de practicar la justicia, provocar un orden social, levantar nuestra voz publica en favor de los más débiles, incluyendo al medio ambiente y por último, crear y realizar acciones concretas que respondan a las problemáticas actuales.

Bbliografìa:

Boff, L. (1995). Ecologìa: Grito de la Tierra, Grito de los Pobres. Sao Paulo: TROTTA.

Moltmann, J. (1992). La Justicia Crea Futuro . Guevara, España : Sal Terrae .

Remier, H. (1997). La Palabra se Hizo India / Ruina y Reorganizaciòn. . Revista de Interpretacion Biblica Latinoamericana , 126.

Robinson, G. L. (1982). Los Doce Profetas Menores. El Paso, TX. : Casa Bautista de Publicaciones .

Revisión y edición: Marco Medina / Manuel Murillo.

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