El DIOS QUE RIEGA LOS MONTES Y PLANTA ÁRBOLES

Por: Juan Manuel Murillo Barreras

“Que la gloria del Señor permanezca para siempre; que el Señor disfrute de su creación” (Salmos 104: 31)

Dentro de mis estudios bíblico-teológicos uno de los libros que más ha ayudado a mi vida es el libro de los Salmos. Se deja ver en esta obra de miles de años una espiritualidad bella y poética, así como también sincera y humana. Hans Joachim menciona que en el libro de los Salmos “se da testimonio de Yahvé como Creador y Señor del mundo, y Él es objeto de fe, de alabanza, de exaltación y de confianza” (Kraus, 1985, pág. 83), la libertad que tienen los salmistas es fundamental para ver a un Dios cercano y no distante del mundo en el que ellos viven.

     Las grandes experiencias de vida y sentimientos plasmados por los poetas en el salterio reflejan una cosmovisión ecológica integral, el hombre fiel es comparado a un “árbol plantado junto a corrientes de agua” (Sal. 1:3), como un “ciervo que brama por las corrientes de agua” (Sal. 42:1) o bien, los cielos aparecen como los primeros testigos de Dios pues ellos “cuentan la gloria de Dios” (Sal. 19:1). En la naturaleza el pueblo judío va elaborando una teología de la creación, misma que hace ver a su Dios como superioridad y a la misma vez cercano a sus criaturas en su historia.

¡Qué Grande Eres Señor!  (Salmos 104)

 El capítulo 104 figura dentro del salterio como uno de los “Salmos de creación”, su singularidad ha captado totalmente mi atención, no cabe duda que el escritor es un lírico que contempla a su alrededor y de pronto encuentra que el héroe Yahvé, es también, el Creador de todo lo que está en su entorno. Al darse cuenta de tan gran magnitud no queda más que rendirse y decir ¡Alma mía, alaba al Señor!, la admiración comienza a brotar y el poeta continúa elogiando a Jehová.  Es como si hubiera tenido otra conversión.

Sí, esa es la conversión que todos necesitamos, una que nos haga vislumbrar y a la misma vez despertar en la visión primordial de ser “seres humanos”, donde no veamos simplemente un mundo gris y sin futuro, sino más bien a “un Dios envuelto de luz, extendiéndose desde los cielos sobre la tierra” (versículo 2). Regresar al espíritu, pero a ese que nos menciona Leonardo Boff “espíritu del hombre que sabe descubrir el sentido de cada cosa” (Boff, 1992, pág. 37) , es decir, con el que fuimos creados para vivir y disfrutar.

Pero ¿existirá hoy en pleno siglo XXI algo de qué admirarse?, si bien es cierto, nuestro mundo va en decadencia, este mes de abril del 2020 nos estamos enfrentando a una pandemia que cambiará y acelerará muchas cosas en nuestro mundo, el tema del calentamiento global hasta hace unos meses atrás era alarmante, la contaminación en mares y ríos parece ser incambiable, la industrialización a pasos agigantados termina con los bellos bosques que son el hábitat de los animales. El salmista hace una declaración maravillosa y dice: “Tu pusiste la tierra sobre base sólida, y jamás será removida” (versículo 5).

 Es decir, aun en medio de las decadencias que se pueden ver y todas las escenas deplorables, este poeta ha entendido que el Dios Creador es “El Señor de toda la tierra, del mundo y los que en el habitan” (Sal. 24:1), por lo tanto, el Todopoderoso no solo crea, sino que está en constante comunicación, haciendo gestos de amor y cuidado, lo interesante es que tanto el hombre y la naturaleza misma están bajo la protección y a su misma vez en una constante relación con su Fabricante.

El Dios Que Riega Los Montes.

La buena noticia es, que el Eterno sigue regando los montes, según el versículo 13, Este mismo se hace presente en este mundo, y está también produciendo frutos que sacian la tierra. Imaginemos por un momento un año sin lluvias, sería devastador para los agricultores de los diversos valles. Pero hasta este día “Él mismo sigue regando los montes” y llenando las presas, el Dios de la creación sigue armonizando con el mundo, no necesita un rito para hacer llover, ni mucho menos pide adoración, pues tanto el sol como la lluvia nacen para todos. 

Con el riego de la Divinidad, suscita la melodía de las ramas en los árboles, los diferentes animales se aproximan a los manantiales y los seres humanos brincan, corren y celebran bajo estas cataratas. En algunas ocasiones la lluvia sana quemaduras en los animales, la tierra y las plantas provocados por incendios gigantescos, muchas familias son alimentadas con el fruto que produce el riego de la tierra, aun aquellos campesinos que solo tienen una choza o un chíname donde cubrirse. Ese es el Dios de Israel, Santo, Celoso, pero que está en constante movimiento en la historia de su creación.

El Dios Que Planta Árboles.

El hombre que contempla los árboles y su función, manifiesta que han sido plantados por una fuerza mayor. La expresión del poeta es: “Los arboles están saciados, los cedros del Líbano que Él plantó” (versículo 16), en esta teología de la creación el que planta empapa de su presencia vivificante a los bosques, pues solo el Creador de la vida permite que alguien más, dé vida. Estas coníferas son plantadas por Dios y a la misma vez producen vida para los hombres y casa para pájaros, los árboles son como una madre que abrazan con su oxígeno, cubre con la sombra de sus hojas y da vida a los demás.

Son numerosas y grandes las obras de Dios. En la contemplación cósmica, el salmista dice: “La tierra está llena de tus criaturas” (versículo 24), allí están todas ellas, innumerables pero bellas, Leonardo Boff, en cuanto a los textos bíblicos menciona: “estos escritores no son meros constructores históricos, son mediaciones a través de las cuales el mismo cosmos y la tierra dan a conocer lo sagrado y lo divino que en ellos late y de ellos irradia” (Boff, Ecología: Grito de la Tierra, Grito de los Pobres., 1996, pág. 88)

Es decir, lo que el salmista observa es solo la expresión o el himno de la tierra a su Creador, uno que no está fuera, sino que permanece dentro del mundo entero, o como testifica el evangelio de Juan 1:10 “En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él”. El poeta no encuentra ningún problema, Dios para él es: “Omnipotente” todo lo puede, “Omnisciente” conoce todas las cosas y “Omnipresente” está presente en todas partes al mismo tiempo, tanto en el hombre como en la naturaleza misma.

Su Espíritu Sobre La Tierra.

La incomparable afirmación del salmista es un canto de justicia, canta el poeta “Si les das la espalda, se llenan de miedo; si les quitas el aliento mueren y se vuelven polvo” (versículo 29), es claro que, dentro de estas expresiones cósmicas y cantos de toda la creación, existen del mismo modo algunos que mueren, aunque hay árboles que cantan, están otros que lloran, existe también un mar inmenso donde viven muchas criaturas, pero otra parte donde ellas mueren, los manantiales y ríos que fluyen por muchas partes, pero muchos se secan, esta es la otra parte de la tierra que clama y grita por justicia.

La contemplación del salmista, se detiene por un momento y pone una serie de acontecimientos negativos en la creación, pues cuando Dios se aleja, hay muerte y destrucción. Que atrayente expresión hace: “cuando les quitas el aliento”, suena un poco incoherente, pues no puede ser Dios quien dé muerte a la creación y el escritor lo sabe, y expresa “pero envías tu Espíritu y todo en la tierra cobra vida de nuevo” (versículo 30), la pregunta es, ¿si no es Dios quien da muerte, quién pues lo hace?

Los Perversos.

Hay una contemplación final del poeta y son los malvados o perversos, los que muy probablemente estén provocando el caos del que habló anteriormente, la oración final es un canto a la justicia cósmica, el autor ha escuchado el gemir de la tierra, los animales y los humanos, hay un cambio y es de reclamo donde él dice: “Que el pecado desaparezca de la tierra, y los malvados dejen de existir” (versículo 35), no quiero pensar las imágenes que ha visto el autor de este Salmo, pero es de mucho desagrado a tal forma de querer fulminar todo lo que está opacando la bella creación de Dios.

Hoy no estamos en un cuadro muy diferente al del salmista, pues basta con echar un vistazo a las noticias diarias para darnos cuenta de todas las injusticias que se hacen a nuestra amada tierra y sus habitantes, Jesús mismo se dio cuenta también de que no solo el hombre necesita justicia, sino también la tierra misma, “venga tu reino sobre la tierra, así como en el cielo” (Mateo 6:10), el Mesías ve a su Padre como el Señor del mundo, y pide una dignidad real para todos, la del cielo, que venga y se instale sobre la tierra misma, desde esta dimensión la oración y acción cristiana debe ir acompañada con la compasión humana y una misión ecológica.

Conclusión.

Existimos en el orbe millones de habitantes, cada quien con diversidad de pensamientos tanto negativos como positivos, también un gran número de confesiones de fe, pero, quiero convocar en estas líneas a los que creemos en un Dios creador, a salir por el mundo y navegarnos como el salmista, retarnos a contemplar y admirar la creación de Dios, dejar fuera todas esas lecturas dominantes e imponentes sobre nuestros semejantes y a la naturaleza, llamo a ser hermanos y amigos de la tierra, invito a salir como: “El hombre trabajador, sereno, puntual, sin sentimientos explícitos, que señorea modestamente una parcela de tierra”  (Schokel, 1993)

El mundo es nuestra casa, y si nosotros no la cuidamos seremos los perversos que aborrecen los demás por insensatos, no seamos los que matemos, mejor caminemos de la mano con el Dios que riega montañas y planta árboles, caminar con Dios significa regar y plantar, construir y alimentar, en una casa (Eco) donde todos valemos igual. El Dios del poeta, es: Yahvé (fuerte, guerrero y poderoso), sí, pero también es Elohim (creador de los cielos y de la tierra), además es Abba para Jesús (Padre Cariñoso) que ama y hace gestos de amor y cuidado por todo lo creado.

    Dios ha sido bueno con la tierra, y esta jamás dejará de existir, siempre está listo el Padre para intervenir, Él es fuerza creadora y amor, hoy nos invita a tomarle la mano, admirar y provocar el canto cósmico, de justicia y paz. Aunque haya perversidades y pecado contra la tierra y sus seres, los salmistas han hecho una “escatología ecológica”, y confían en que de nuevo cantarán y sus vidas volverán a contemplar la alegría en toda la creación. Está hoy también debe ser nuestra esperanza el día en que: “La justicia y la paz se saluden con un beso, donde de la gente de la tierra brote la verdad; Cuando de los cielos se muestre la justicia.  Y el Señor nos dé mucho bien y llene la tierra de buenos frutos” (Salmo 85: 10-12), el Dios de la vida, que convive con las montañas, los animales y los humanos, sí, dará de nuevo a todo y todos, vida.

Bibliografía:

  • Boff, L. (1992). Una Espiritualidad Liberadora . Estella: Verbo Divino .
  • Boff, L. (1996). Ecología: Grito de la Tierra, Grito de los Pobres. Àtica, SÃO PAULO: Trotta.
  • Kraus, H. J. (1985). Teologìa de los Salmos. Salamnca: Sigueme.
  • Schokel, L. A. (1993). Salmos II. Estella: Verbo Divino .

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