¿SER POBRE, ES JUSTO?

Por: Juan Manuel Murillo Barreras

“…Venden al justo por monedas, y al necesitado, por un par de sandalias. Pisotean la cabeza de los desvalidos como si fuera el polvo de la tierra…”

Amós 2: 6

La justicia social es un tema que nos concierne como seres humanos, todos y cada uno de nosotros hemos sido creados para tener una vida integral y socialmente digna dentro del mundo en el que vivimos, por lo tanto, donde hay injusticia hay un caos y por ende la necesidad de la intervención de la voz de Dios rehabilitando la vida humana.

     Uno de los grandes problemas que tiene nuestra nación mexicana es la pobreza, la cual no permite que el individuo goce de una vida integral, según estadísticas del Consejo Nacional de evaluación de la política de desarrollo social (CONEVAL), el 43.6% de la población mexicana, que equivale a 53.4 millones de habitantes adolece de pobreza y un 7.6%, 9.4 millones están en pobreza extrema, quienes en su mayoría son los indígenas.

     Es interesante que como país tenemos una constitución política que nace con un espíritu de soporte para el mexicano, la cual en un momento de amenaza se reformula y esto con el fin de garantizar la seguridad y el patrimonio de cada persona como lo fue la conocida promulgación del 05 de febrero del 1917 “la nueva constitución”. Sin embargo, cabe señalar que hoy en día parece haber una carencia política que busque en sí un bienestar integral del sujeto. 

     Por otro lado, nos encontramos con el movimiento religioso, quien a través de la historia ha desarrollado también ciertos principios que tienen que ver con el proveer un lugar digno y a su vez levantar la decencia del hombre. Este mismo en medio de las carencias de cualquier ciudadano se presta en la ayuda y contribución ya sea económica, moral o espiritual con el fin de establecer un rumbo de paz y seguridad en el ser humano.

     Podemos recordar que dentro de la 1ra. Guerra mundial (1914) y 2da. Guerra mundial (1939), una élite de ellos provee un refugio a todos los desamparados y afectados, no importando si de esto tuviesen algún beneficio económico o bien un papel en la memoria de muchos como hoy en la actualidad los tenemos, ni mucho menos buscaban tener un lugar político o bien asumir popularidad.

El mensaje de Amós y nuestros días.

      Pero, ¿cómo es que en pleno siglo XXI tenemos cifras alarmantes de pobreza? ¿Será acaso que el gobernante olvidó su papel dentro de la política? En la escritura podemos encontrar un caso similar aproximadamente en el siglo VIII a.C. en reino del norte (Israel), la narrativa de Amós nos cuenta de un tiempo donde la pobreza afectaba a un buen número de sus habitantes, uno donde el rico para poder hacerse rico otros debían de ser pobres, pero ¿es posible esto en el ámbito religioso? la respuesta es un rotundo sí.

     Lo anterior no es algo raro hoy en nuestros días pues, aunque hay pobreza extrema, también hay riqueza abulta y lo lamentable es cuando esa se produce en el abuso de los demás. Una de las causas que observa Amós el profeta, es que los acaudalados compraban en las propiedades agrícolas a un precio muy bajo y revendían en las zonas altas la mercancía a un costo muy por encima de lo que ellos pagaban.

     El problema era grande pues había una gran cantidad de Israelitas que vivían una vida ambiciosa y llena de lujos, mientras la existencia de los otros era llena de carencias y muchas dificultades. El problema era político, pero también religioso. El abuso de poder dentro de la religión también es un punto que va a señalar Amós, pues no se puede dentro del mismo pueblo levantar un sacerdocio repleto de ostentaciones mientras los de abajo sufren y adolecen por la pobreza.

     Amós era un profeta que no se dejaba intimidar por nadie, aunque él no tenía una preparación académica si tenía una vocación, misma que consistía en llevar la justicia y la voluntad divina en medio de este maltrato e injusticia a la gente común. “El deterioro en los sistemas de justicia, por la corrupción de los jueces, y la ineficiencia de los tribunales, hizo que el profeta reaccionara” (Pagan, 2016) (Am 2.6-7; 5.712)

El llamado de la iglesia

     Hoy no estamos tan lejos a esa historia, hasta hace unos meses atrás se discutía el abuso de los ministros de la suprema corte, quienes según el presidente de la república ganaban un aproximado de 600 mil pesos al mes, a lo que ellos responden “no, ganamos un poco menos de eso”, además, a esto hay que sumarle pensiones de ex presidentes y sueldos elevados en el gabinete, situación que es de lamentar, cuando tenemos alrededor de 53.4 millones de habitantes de los 129.2 millones registrados en el 2017 que se duelen en la pobreza.

     La iglesia (en general) no se queda atrás, no puede haber un sacerdocio, o una jerarquía que diga tener éxito, riquezas, y bienestar cuando tenemos casi la mitad de la población mexicana gimiendo por el mal gobierno, uno que violenta y atenta contra la dignidad humana y que no cumple las leyes. El profeta/cristiano mexicano no puede aplaudir, ni mucho menos estar quieto ante el mal gobierno, uno que prometió velar por los derechos humanos y sin embargo los aplasta con sus malas decisiones.    

     No puede la iglesia de Dios en México presentarse con una bandera de victoria en los templos, mientras que por la calle sólo se escuchan lamentos, la iglesia se tiene que levantar como profeta con inteligencia, acompañar al necesitado en su camino de lucha y de prueba, ser su voz con los presidentes, senadores y diputados, ser la voz de los sin voz en esos lugares que los pobres y despreciados no pueden pisar.   

     El trabajo profético es espiritual pero también social, la iglesia que vive el profetismo siempre será un agente de cambio, la iglesia: llama, convoca, pero a su vez sale y escucha, el líder profeta, defiende y promueve la justicia no hace alianzas con reyes injustos para tener beneficios propios, más bien demanda y se aleja hasta no ver la justicia como respuesta.

      El sistema religioso no debe gastar millones de pesos al año en eventos aparatosos, no debe tener líderes que lucren con el dinero del pueblo y acumulen riquezas, sería una burla también para el que vive en situación de pobreza, a ellos también Amós les crítica y les juzga, pues el sacerdote es un servidor del pueblo, no se sirve del pueblo. Por lo tanto, si decimos muchas veces que el gobernante perdió su enfoque político, también en muchas ocasiones podemos decir que la iglesia ha perdido su enfoque de servicio.

     El llamado profético es más que un número mal cifrado, este tiene que ver con atender al desamparado, no olvidemos que, a ellos, el mismo hijo de Dios les dignificó y su mensaje de evangelio les transformó. Hoy tenemos que reflexionar si nuestra predicación está acompañada de una acción profética, una que involucre al ser humano en su totalidad, que lo ayude y lo trasforme y regresen a su esencia real “ser un ser humano con dignidad”

     La pobreza no puede ser justificada en un país tan lleno de riqueza en: petróleo, agricultura, puertos marítimos, minería, gastronomía, por mencionar algunos en nuestro México, sin embargo, es una realidad, la pobreza existe por un mal gobierno que no ha administrado de forma correcta estos recursos. Dicha pobreza la encontramos mayormente en nuestras comunidades indígenas, esas que aún la misma sociedad ha despreciado y hasta los ha olvidado, aquí está el llamado del profeta del siglo XXI, levantar su voz, pelear por las causas del desvalido y proveerles la tierra digna que Dios nos ha prometido.

     Citaré lo que hace unos meses atrás expreso el presidente de la república: “No puede haber un gobierno rico y un pueblo pobre” y a esto le anexare “No puede haber una iglesia rica y un pueblo pobre” eso se llama injusticia.

Bibliografía:

Lacy, J. A. (1993). Los libros proféticos . Verbo Divino.

Pagan, S. (2016). Los libros profèticos del A.T. . España: Clie.

Revisión y Edición: Marco Medina / Manuel Murillo.

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2 comentarios

  1. Hno. Juan Manuel.
    Bendiciones
    Creo que al gobierno se le pedirá cuentas por su trabajo ante el pueblo.
    Pero a la iglesia..esa iglesia rica con tanta indiferencia ante el necesitado será más juzgada .
    Hoy en día es lamentable ver esas construcciones elegantisimas ,llamadas iglesias llenas de lujos,los autos de los pastores lujosisimos…mucha vanidad.
    Será la iglesia de hoy en día. Grata a los ojos de Dios.
    Por otro lado donde están los pastores siervos de Dios. .llendo a esos barrios a esas comunidades llevando lado palabra de Dios y compartiendo el alimento.
    Bendiciones hno.
    Dios nos ayude a hacer lo qu su palabra nos demanda.

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